Dicen que “un tropezón no es caída”, yo diría, corrigiendo el refrán, que no por caído es necesario haber tropezado.
Esta mañana, mientras Leah se daba a la tarea de elegir el atuendo cotidiano frente al espejo, el tipo con el torso desnudo, en pantalones a estrenar y lustrosos zapatos, no va que elige mejor lugar para afeitarse que delante de la puerta del horno de empotrar, en la cocina y para ahorrar tiempo. El artefacto luce su puerta espejada y devuelve una imagen, aunque polarizada, más que perfecta. Al tiro del ojo, por encima del cinturón sobresalía apenas ese rollito que va desintegrándose como resultado de la dieta y los matutinos abdominales cortos.
Satisfecho con el porte y blandiendo su afeitadora “flex & pivot action con cabezales independientes”, como si fuera el “faser” del Capitán Kirk en “Star Trek”, el fulano se inclina y recula con intenciones de sentarse sobre el lado izquierdo de una de las sillas para ubicarse en posición y altura. Mientras esto hacía, observando la impecable caída del pantalón y deslumbrado con el brillo de los zapatos, retrocediendo para encontrar asiento, no va que no le atina a la silla mientras la gravedad lo impulsa hacia la corteza terrestre en caída libre. Total, que con la cintura termina empujando la silla contra la mesa, desplazando todo el conjunto en medio de un infernal batifondo, y dando de culo en el suelo con la afeitadora en ristre cual Quijote contra los molinos. Byron, que entonces reposaba encima de la mesada de reluciente mármol, sorprendido por el derrumbe estiró sus orejas y emitiendo un débil maullido abrió enormes los ojos con atónita expresión.
Aclaro que me costó un tanto levantarme. Las piernas en alto, apuntando al horno y afirmado solo en la mano izquierda no es una postura decorosa que facilitara la operación. La cosa es que según pasan los años y evaluando ciertas circunstancias voy sacando dos conclusiones: a) Nunca hay que dar marcha atrás sin mirar, y b) Después de cierta edad, aun conservando el lustre, la coordinación y los reflejos andan para el traste.

